¿Por qué está prohibido?

Lo está porque esos motivos no son válidos. Y no lo son porque el doping atenta contra los ideales del deporte, ya que su práctica es perjudicial para la salud del deportista y es contraria a la ética del deporte.

Efectivamente, el doping es potencialmente peligroso para la salud del deportista. Sus verdaderos peligros radican en que su práctica:

  • Conduce al organismo a llegar a sobrepasar fatalmente sus límites fisiológicos,

  • Expone inevitablemente a tener que prolongar el uso de algunos medicamentos, incluso en dosis superiores a las normales, para “beneficiarse en su eficacia”;

  • Ocasiona una progresiva dependencia y un uso al hábito de los productos dopantes, obligando a aumentar sus dosis para mantener unos efectos a menudo ilusorios;

  • Incita a utilizar, intentando eludir la detección de los controles de doping, nuevas sustancias que pueden resultar tóxicas a largo plazo.

Además y con frecuencia hay efectos secundarios indeseables ocasionados por el abuso de algunos medicamentos. En definitiva, recurrir a la química tiene riesgos importantes y eso debe saberse.

Por otra parte, ¿cuál es el problema ético del doping? ¿cuál es la razón para que su práctica no sea ética? Se puede asegurar que el doping destruye los beneficios que se buscan cuando se practica deporte, ya que si uno de los objetivos de la actividad deportiva es el desarrollo integral de los deportistas en la libertad y en la dignidad, cuando aparece el doping ese objetivo desaparece, porque con su práctica se envilece al deportista, se le convierte en un objeto, utilizándole, manipulándole y transformándole en un instrumento con el fin de conseguir otros fines menos altruistas.


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